Cuatro paredes, una puerta, un closet, una cama y un espejo amenazando con ser testigo de la incertidumbre plena de la oscuridad.
Hoy sólo era música lo que pedía a gritos y no la hallaba.
Todavía había luz en el exterior y reflejos jugaban en la cara como puñaladas; una eternidad después terminó la espera y algo sonó. De un género a otro pasaba pero nada ocurría; el desespero empezó a surgir y sucedió por unos segundos… de nuevo nada, falsa alarma. La oscuridad se trago el espacio y no lograba ver con los ojos cerrados, no encontraba la indicada y hoy la necesitaba como nunca.
No quería hablar, sólo quería música, sólo necesitaba sentirla de nuevo en su interior pero ella se negó.
Sabrá esperar de nuevo.
F.
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