11/01/2009

Doce horas

Inocente o culpable no hace la diferencia. En esa oscuridad caprichosa los instintos condenaban a los presentes, los reprimidos juzgaban a los ausentes y quienes actuaban no pensaban en mas. Los dobles y triples fueron protagonistas, fantasmagóricas calaveras animadas por las olas del mar que consumía miradas. Ansias y más ansias a mil kilómetros por milésima de segundo, luces fugaces y mágicas, alcohol mucho alcohol para no pensar en los desinhibidos deseos ocultos bajo un antifaz. Noche de encuentros, noche de deseos; uno , ella, él, aquél, todos para ser otro y después nada, ni calma ni tranquilidad, ni paz ni raciocinio; impulsos, impulsos! y que los tonos hagan juegos y desastres con las notas. Que la destreza sea maestra y la vergüenza no sea motivo de prohibición, que la carne este viva y bendita entre labios carmesí. A las doce horas el alma apaciguada por la luz que limpia las calles, respira profundo y la serenidad retorna.


 F.

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