Fue un viaje de pocos días pero fascinante como la vida misma, en que cada minuto aprendes y descubres cosas nuevas, muchas personas, lugares y a ti misma...
Entre tantas cosas, conocí una encantadora nube, ella se negaba a dejarse fotografiar, es una nube tímida, eso lo supe enseguida y con ver la cámara se ruborizaba; hablamos un rato sobre la vida allá en el cielo, de cómo veía ella a los humanos y cómo veía yo el cielo y a todas sus hermanas. Llegamos a un acuerdo, un día no muy lejano, intercambiaríamos los papeles para comprobar todo lo que nos habíamos contamos.
Fue una tarde maravillosa pero algo triste, me dijo que no entendía muchas cosas de la tierra que le daban miedo a la hora del intercambio; no sabía por qué muchas veces jugábamos a los buenos y a los malos y que en esos juegos tan reales, salíamos lastimados muchas veces. Ella me decía que entre ellas también habían juegos, pero nunca se hacían daño, siempre se respetaban y cuando alguna decía NO MÁS el juego paraba, cuando alguna quería tomar aire todas esperaban, que más que hermanas eran muy buenas amigas.
Yo me quedé pensando una buena respuesta, pero por más que trate, me fue imposible construir una creíble mentira para justificar el actuar del "racional" ser humano, en lugar de eso, como una respetable y buena concursante de reinado, sonreí estúpidamente, más por la vergüenza de ser ella quien tuviera que soportar desde allá arriba la barbarie del mundo que habitamos, que por no encontrar una mentira pasable, y se supone que para eso somos buenos.
Entre tantas cosas, conocí una encantadora nube, ella se negaba a dejarse fotografiar, es una nube tímida, eso lo supe enseguida y con ver la cámara se ruborizaba; hablamos un rato sobre la vida allá en el cielo, de cómo veía ella a los humanos y cómo veía yo el cielo y a todas sus hermanas. Llegamos a un acuerdo, un día no muy lejano, intercambiaríamos los papeles para comprobar todo lo que nos habíamos contamos.
Fue una tarde maravillosa pero algo triste, me dijo que no entendía muchas cosas de la tierra que le daban miedo a la hora del intercambio; no sabía por qué muchas veces jugábamos a los buenos y a los malos y que en esos juegos tan reales, salíamos lastimados muchas veces. Ella me decía que entre ellas también habían juegos, pero nunca se hacían daño, siempre se respetaban y cuando alguna decía NO MÁS el juego paraba, cuando alguna quería tomar aire todas esperaban, que más que hermanas eran muy buenas amigas.
Yo me quedé pensando una buena respuesta, pero por más que trate, me fue imposible construir una creíble mentira para justificar el actuar del "racional" ser humano, en lugar de eso, como una respetable y buena concursante de reinado, sonreí estúpidamente, más por la vergüenza de ser ella quien tuviera que soportar desde allá arriba la barbarie del mundo que habitamos, que por no encontrar una mentira pasable, y se supone que para eso somos buenos.
F.
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