Hace un buen tiempo no escribo. Hace un tiempo no tengo nada para decir, nada que no se haya dicho ya. Y no, no me las voy a dar de poeta y empezar a enredar las cosas para que suenen bonito y que nadie entienda nada, me estoy proponiendo dejar de escribir para mí y que no sólo yo pueda entender lo que realmente dice pretendiendo dejar a la gente en las nubes con esa unión de letras.
Hace un buen tiempo alguien empezó a escribir sobre cosas que me dejaron sin palabras; pensamientos acompañados por imágenes reales, imágenes de la vida, de todo lo que me rodea y por eso debo decir que las ame profundamente. No es un simple juego estético, no es un simple “quedó bonita, se ve chevere” es más un: Es una chimba porque molesta a los ojos, contrae las entrañas, arruga el corazón y dice lo que hay. Desde que leo imágenes y textos como esos dejé de escribir. Simplemente ya se dice lo que se debe decir y mis dedos no sienten la necesidad loca por plasmar pensamientos. Son mi ojos los inquietos por leer más cosas así, por arrugar las entrañas, contraes el corazón y despertar del ensueño en el que tantas veces me monto. Eso no es malo, pero no puedo vivir ciega a lo evidente.
En esta época no me provoca tanto escribir, me provoca más sentir de otra forma, llenarme de nuevas pasiones y experimentar con la vida. Tengo un nuevo delirio, tengo una nueva meta y una mirada absurda de lo que supongo es mi realidad, quiero explotar eso, quiero ver que se puede sacar de esas nuevas sensaciones creadas por aquellas imágenes y dejarme llevar como siempre.
F.
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