8/27/2011

Nosotros; él y yo.

Últimamente nos escribimos correos. Tal vez -un poco- tratando de no perder una conexión que existió y fue bonita. Pero no era más que eso. Se sentía como tener un amigo imaginario plagado de recuerdos que con los días se hicieron meras imaginaciones y al final no se distinguían horarios, tiempos, espacios y (pero) de nuevo era mi amigo imaginario.

Hace dos años no nos vemos. No sabemos cómo está el uno o el otro, sabemos lo que pasa por nuestras vidas; nuestras preocupaciones, nuestros deseos, nuestras metas más íntimas, detalles jamás revelados; desconocemos nuestras miradas, la postura de los hombros, el ancho de la espalda, la sonrisa que encantaba y así respondemos. Porque pasan meses sin recibir una postal, sin llegar una carta al buzón y no se siente extraño. Un poco al inicio, pero se hizo normal. No puedes obligar a alguien imaginario; alguien que creaste por la necesidad que exige la nostalgia, por eso de apegarnos a cosas, de magnificarlas, de crearles importancia pero que funcionan más como un apéndice.

La última carta fue corta, algo así como "respirar profundo para continuar, ojalá fuera a empezar de nuevo" y me asusté. ¿Empezar de nuevo? Yo no soy su amiga imaginaria.

No hay comentarios: