Deseo, deseo, deseo... un recuerdo que no has podido olvidar... unas caricias que marcaron mi vida y que hoy años después vuelvo a vivir. Cuánto deseo tu cuerpo, tus labios, tu ser.. ese elixir que te llevaste al dejarme atrás por una ilusión de tu memoria. Ahora, después de tantas noches en vela, ruegas que vuelva a ti y te haga sentir de nuevo, que te lleve al climax que en penumbras recordabas al lado de ese ser que no fue lo que tanto idealizaste. Llegaste esa noche como si nada, tocaste a mi puerta y con plena seguridad, juraste en mi cara que me alegré de verte, era cierto, pero no lo podía decir. Al abrir la puerta me miraste como tiempos atrás; con tu malvada sonrisa cruzaste la entrada como si nada, como si no hubiera estado yo ahí, como si la noche anterior tu esencia embriagara mi alma. Te mire fijamente hacer ese recorrido sin saber que decir y pensar, en un duelo de lógica y memoria,... Te sentaste en el lugar de siempre, como acostumbrabas. Yo, no sabía si acompañarte o quedarme mirando desde la puerta hacia la eternidad buscando una explicación, una idea lógica para creer en lo que estaba pasando y, no pensar que de nuevo mi imaginación quería hacer estragos con mi cordura. Al final, me llamaste con un gesto amigable (algo que no esperaba) me dijiste que me sentara a tu lado, que querías hablar un poco, y yo, casi por inercia fui hacia ti.
F.
No hay comentarios:
Publicar un comentario